Tender

María está subida al único tren del que no le gustaría bajarse: el de la maternidad. No tiene ayuda del padre; de hecho, no sabe quién es ni lo sabrá nunca. Desde luego, su niño no es fruto de Pedro ni de Luis, sus dos últimos novietes. Ella prefirió no conocer el rostro ni el cuerpo del inseminador. Ahora es muy feliz, aunque tiene más faena que de costumbre; meses antes solamente tenía que preocuparse por cómo marchaba el despacho y hacerse las revisiones pertinentes en el ginecólogo. No le duele tener trabajo extra, le compensa como nunca antes le habían satisfecho sus quehaceres. Es cierto que hace tiempo que lo único que moja son las magdalenas en el desayuno. Sus admiradores y compañeros de juegos sexuales ya no llaman los jueves para “preparar” el fin de semana. A María eso le importa tres pepinos, no le sabe mal perder hombres cobardes; esos trenes van y vuelven, en distintos nombres, lugares y escenarios.

María is in the only train that she would never want to get off: maternity. She doesn’t have any help from the father; in fact, it’s unknown to her and probably she’ll never know about it. Without any doubt, her son is not Pedro’s or Luis’s, her latest boyfriends. She preferred not to know either the face or the body of the inseminator. Now she is very happy, though with more duties than she used to have; months ago she only had to worry about how to leave her job to go through the habitual gynaecological check-ups. She doesn’t mind having extra work, in fact, not any previous must-dos had ever been so satisfying. Truth has it that it’s been a while since the only things that get wet are the buns at breakfast. Her admirers and sexual partners don’t call her any more on Thursdays to “prepare” the weekend. Maria doesn’t care a fig, losing coward men doesn’t make her feel bad; those trains come and go, in different names, places and sceneries.

© Photography by Alberto Pérez Pastor – © Text by Marta Gómez Ballester – © English translation by Sara Besalduch